La siguiente noticia saca a la luz algo por todos sabido y es que en la mayoría de las decisiones importantes prima el egoísmo que generan los intereses económicos.
Cuando los gobiernos dicen que están velando por los intereses de sus ciudadanos, debiera agregar que no se refiere a todos los ciudadanos solo se refiere a los ciudadanos dueños de las grandes empresas.
Cómo acallar a los científicos George Monbiot
La redacción de los informes del eminente grupo mundial de científicos del clima es un proceso complicado. Los científicos que participaron en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) desmenuzaron las evidencias durante meses. Nada se publica sin consenso. Esto hace que los informes del panel sean conservadores, incluso tímidos. Significa también que son tan confiables como puede serlo un documento científico.
Luego, cuando todo queda claro para los expertos, se presentan los políticos y tratan de eliminar de los sumarios todo aquello que amenace sus intereses. Los científicos contraatacan, pero siempre tienen que hacer concesiones.
Es lo opuesto a la historia repetida sin cesar en la prensa de derecha: que el IPCC, coludido con gobiernos, está conspirando para exagerar la opinión de la ciencia.
Nadie explica por qué habría gobiernos que busquen amplificar sus propias fallas. En el estrafalario mundo de las conspiraciones climáticas no se necesitan explicaciones. El organismo científico más conservador del mundo ha sido transformado en una conspiración de vociferantes demagogos.
Éste es sólo un aspecto de una historia que sin parar se cuenta al revés. Diarios y columnistas repiten el alegato de que los científicos del clima y los ambientalistas están tratando de “acallar el debate”. Aseguran que quienes dicen que el calentamiento global causado por el hombre no ocurre, están siendo censurados. Algo falta en sus acusaciones: un solo ejemplo válido. Lo más próximo que alguno de ellos han logrado obtener son dos cartas enviadas, por la Royal Society y por los senadores estadounidenses Jay Rockefeller y Olimpia Snowe, a ExxonMobbil, pidiéndole que cese de financiar a lobbistas que distorsionan deliberadamente la ciencia del clima.
Estos corresponsales no tenían el poder para imponer sus deseos. Urgían simplemente a Exxon a cambiar sus prácticas. Si cualquiera que urge es un censor, entonces las páginas de opinión de los diarios deben cerrarse en nombre de la libertad de expresión.
Verdadera censura
Si usted quiere saber cómo es la verdadera censura, permítame mostrarle lo que ha estado ocurriendo del otro lado de la reja. Los científicos cuya investigación demuestra que el cambio climático se está produciendo han sido repetidamente amenazados, silenciados, y sus hallazgos editados o suprimidos.
La Unión de Científicos Responsables estableció que el 58% de los 279 científicos del clima, que trabajan en agencias federales de Estados Unidos y que respondieron a su encuesta, informaron haber experimentado presiones en sus trabajo e informaron de 435 incidentes de interferencia política durante los últimos cinco años.
En 2003, la Casa Blanca alteró la sección dedicada al cambio climático de un informe de la Agencia de Protección Medioambiental. Eliminó referencias a estudios que mostraban que el calentamiento global es causado por emisiones de origen humano. Añadió una referencia a un estudio, financiado en parte por el Instituto Estadounidense del Petróleo, que sugería que las temperaturas no están elevándose.
Eventualmente, la agencia decidió eliminar la sección completa. Después de que Thomas Knutson, de la Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica (NOAA en inglés) publicó un documento en 2004 vinculando las crecientes emisiones con ciclones tropicales más intensos, fue impedido por sus superiores de hablar con la prensa.
Al aceptar presentarse en un programa, un funcionario de asuntos públicos de la NOAA telefoneó al medio y dijo que Knutson estaba “demasiado cansado” para conceder la entrevista. Al propio Knutson, el funcionario le explicó que “la Casa Blanca dijo que no”. Todas las consultas periodísticas debían, en cambio, derivarse a un científico que creía que no había conexión entre el calentamiento global y los huracanes. El año pasado, James Hansen dela NASA, informó que sus jefes estaban tratando de censurar sus conferencias, escritos e inserciones en la web.
El mes pasado, la filial de Alaska del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, dijo a sus científicos que quienquiera que viaje al Ártico debe entender “la posición de la administración respecto del cambio climático, los osos polares y el hielo marino, y no deberá hablar ni responder sobre estos temas”.
En audiencias del Congreso estadounidense, hace tres semanas, Philip Cooney, un ex asistente de la Casa Blanca que había previamente trabajado en el Instituto Estadounidense del Petróleo, admitió que había hecho cientos de cambios en informes gubernamentales sobre cambio climático por encargo de la administración Bush. Aunque no es un científico, había borrado evidencias de que los glaciares están en retirada e insertado frases que sugerían que habían serias dudas científicas respecto del calentamiento global.
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