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Lord Argos
A principios del siglo quince, cuando los franceses se encontraban casi totalmente dominados por Inglaterra y sin un rey que los condujera o liberara, Lord Argos llegó desde esa isla para establecerse en la región de Lorena, al nordeste de Francia. Lord Argos -como se hacía llamar en su lugar de origen- era un Padre Dragón igual que Thorkel, pero con el color del ébano más pulido, su altura de casi cuatro metros (aun sentado), ojos grises con algo de celeste, y doble hilera de placas puntiagudas del cuello a la cola; había ido a Francia para buscar a una niña recién nacida y protegerla voluntariamente, pues por intermedio de sus Ancianas Consejeras sabía lo que esa niña representaba para el país subyugado. Sin duda sabía lo que debía hacer, cuando llegó a la aldea de Domremy bajo la apariencia de un extranjero de piel bastante oscura, el cual sin embargo hablaba bien la lengua usada en esa región, tenía los ojos claros y decía venir de Wrexham. Sólo surgiría un inconveniente a causa de cierta Dragonesa conocida en Inglaterra como Lady Troy, invadida por unos celos repentinos; si las habitantes del Mundo Escondido podían tener algún defecto era este, y también solían ser más rencorosas que ellos. Cuando por medio de las mismas artes adivinatorias Lady Troy supo que él había encontrado a la pequeña ya bautizada, pero nombrada casi siempre con el diminutivo de Jeannette, cruzó rápidamente el mar partiendo desde Harwich y entrando por Calais. Todos los Dragones podían moverse a través de cualquier elemento. Lady Troy amaba a Lord Argos, aunque no pudiera vivir junto a él; además de pertenecer a otro Clan, ya había llegado al rango de Reina y Consejera, pero Anciana, para permanecer únicamente al lado del Padre Dragón que casi la había visto nacer. Lo quería -y casi lo lamentaba- desde el día de su encuentro nupcial aéreo con nueve Dragones que la pretendían. Era poco más de un año antes que los Padres de Clanes decidieran establecerse con todo su Pueblo en el mundo por entonces exterior... La Dragonesa azul verdoso se elevó muy alto siguiendo la milenaria costumbre (se congregaban para esto en medio del mar más embravecido o en un día muy tormentoso) y cada vez, uno de ellos la alcanzó, uniéndosele de frente. Rodeándose mutuamente con las alas, y con sus colas entrelazadas lo mismo que sus largos cuellos, de pronto descendían a toda velocidad para separarse a pocos metros de la superficie, desde donde ella volvía a ganar altura y otro Dragón la alcanzaba; no tendría otra danza de cortejo sino muchos años más tarde, pues los Dragones las realizaban muy pocas veces por siglo. ...Y fue al término de ésta, cuando se dirigía a descansar al borde de un bosque cercano a Ludlow, que la Dragonesa vio a quien en poco tiempo sería conocido por los ingleses como Lord Argos. El Dragón negro, bajo su apariencia humana, hablaba con los padres de Jeannette. -Como les decía esta mañana, muchos integrantes de mi Pueblo fueron convocados para lo que yo vine a ofrecerles voluntariamente: proteger a una Dama importante. "me gustaría explicarles el motivo de que su pequeña hija lo sea, pero temo que sólo les traiga congoja... Pues recién mucho después de su muerte será realmente reconocida. Durmiendo en su cuna apenas confortable, Jeannette ignoraba tanto el sufrimiento como la gloria de su propio futuro. Pasaron los meses y, cuando la niña ya había empezado a caminar, Lord Argos la llevaba por los alrededores de la campiña; a veces también iba hasta Neufchateâu (tal era la confianza que ellos le tenían) y en ningún momento disimulaba su estatura, su evidente fuerza física, ni el hecho de tener sujeta al cinto la vara que denotaba su autoridad. Nadie podía, al verlo, acercarse para intentar hacerle algún daño a su protegida ni aun pensar en ello. Sólo uno de esos días, en los cuales paseaba llevando a Jeannette, una mujer se dirigió directamente hacia él y, sin hablar demasiado, le pidió que se encontrara con ella en el bosque vecino. No había realmente una persona en toda la tierra que pudiera hacer ir al Padre Dragón de un lugar a otro sólo con pedírselo, pero él, al ver por sus propios medios quién era en verdad esa mujer, dejó a Jeannette en su casa y fue al encuentro de ella. -Tú eres del Clan de Orpheus, ¿No? -le dijo apenas la vio, si bien aún tenía la apariencia humana que usaba en Harwich. -¿Cómo supiste dónde estaba? -Allá en Inglaterra me conocen como Lady Troy. Me costó bastante encontraros, Señor; pero finalmente, al veros, os reconocí por vuestra vara inconfundible. -¿Y qué deseabas de mí? -Sólo una cosa; y no yo, sino mi corazón: que vuelvas conmigo a Inglaterra, para que podamos ser felices el uno con el otro. -Pero... Tú ya eres una Anciana, una Consejera... ¿No deberías estar acompañando al Padre de tu Clan? -Por favor, Señor, no me despreciéis, aunque no sea de vuestra familia -le rogó, esperando que no se encolerizara. -Ya pasé más de doscientos años pensando en vos sin siquiera volver a veros. Pues debo confesar que os vi en uno de mis últimos vuelos nupciales, cuando todavía vivíamos en las escondidas cavernas. -Pero, Lady Troy... No puedo ir contigo a Inglaterra, de todos modos. Tengo a una niña bajo mi protección. Esta vez la mujer habló sin pensar cómo podría reaccionar él. Pero en su propio interior había relámpagos de emociones confusas. -¿Y no podríais dejar todo por alguien que os ama, como os amó siempre? -La misma pregunta dejaba traslucir un sentimiento perturbado. -No, si tu deseo está impregnado por los celos. -Por cierto, esa niña es muy pequeña, para un Padre de Clan... -¿Cómo? ¡Lady Troy! ¡No tienes derecho a pensar así de Jeannette, y menos aún de mí! ¡Te aconsejo que vuelvas con tu gente, o de algún modo se lo haré saber a Orfeus... Vete! -Señor Argos... No creí que aun con mi condición fuerais capaz de rechazarme. Por esta vez, os haré caso; no tendría casi ninguna oportunidad si nos enfrentáramos. Pero si volvéis a encontrarme, será porque me ha dominado la cólera y no el amor. Eso bastó para que el protector de Jeannette terminara de enfurecerse, cambiando su aspecto por el del Dragón oscuro; empuñando su vara tutelar avanzó hacia la mujer y dio con aquélla un golpe sobre una roca pequeña de la cual brotaron unas llamas, letales incluso para un Dragón. Pero ella, transformándose a su vez, hizo unos movimientos veloces con sus manos y desapareció con la misma prontitud. Su voz se dejó oír repentinamente a cinco metros por detrás de él. -Bien, conque intentaste matarme... Ahora tendrás que estar listo para cualquier suceso lamentable, Lord Argos. Y tal vez hable yo, de esto, con Orfeus. Teniendo una enemiga como ella, el Dragón Protector no tardó en tomar sus precauciones: llamó a los Guardias Escuderos de su antigua caverna, diciéndoles que vigilaran los poblados vecinos así como los alrededores de la granja, para alertar sobre la presencia de Lady Troy en cualquier pueblito; sólo uno, el Escudero más confiable, iba a permanecer junto a Jeannette día y noche. Lord Argos, por su parte, recorría esos mismos pueblecitos periódicamente; tras descansar dos o tres horas sobrevolaba toda la región bajo las estrellas buscando algún indicio que delatara la presencia de Lady Troy. Si la vengativa Dragonesa lograba eludir semejante vigilancia, era porque había podido obligar a uno de los Guardias a encubrirla, pues nunca conseguiría tal cosa a través de una traición voluntaria. La mujer, furiosa y sufriendo por los celos, pensaba algo de todo esto; para colmo, no imaginaba cómo llegaría hasta Lord Argos para vengarse eliminando también a Jeannette (pues ahora su rencor se dirigía igualmente a ella), si un Guardia Dragón la protegía personalmente. Sólo le quedaba un método para escapar con Jeannette con el fin de atraer a su Protector, obligándolo luego a ir con ella a Harwich o matando a uno de los dos: echar mano del único recurso en el cual tal vez ni un Padre Dragón la superaba, mucho menos sus Guardias. De modo que no podía tener mayores dificultades en llegar sin ser notada a la habitación donde dormía la pequeña y hacer que el Escudero cayera en un sueño profundo. Pero el encargado de cuidarla resistió durante casi tres horas hasta que la Dragonesa, agotada y a punto de renunciar, lo vio inclinarse contra la pared; diez minutos después, Lady Troy pasó al lado del Guardia dormido, desconfiando a pesar de todo. Apenas despertó, Janus se puso de pie y miró la habitación; Jeannette había desaparecido. El Guardia horrorizado por su propio descuido corrió hacia la ventana y saltó. Cuando hubo hecho esto, antes incluso de volver a tocar el suelo ya se había transformado en Dragón. Entonces, con un nuevo impulso, ganó más altura y fue en busca de Lady Troy para recuperar a la pequeña. No podía pensar en otra cosa con tal de reparar su error. Cuando pasaron tres horas -ya al anochecer-, Janus llegó moribundo, para arrodillarse a los pies de su Señor. -Padre Dragón... Lord Argos... La Dragonesa tiene a Jeannette por un descuido mío. Sin embargo... traté de arrebatársela. Es demasiado peligrosa, demasiado fuerte en su terreno, no vayáis s.... -Y Janus cayó muerto. El Dragón negro se llenó de un dolor tan fuerte y oscuro como su cólera. -Janus, no sé por qué no me avisaste antes de ir a enfrentarte sin ayuda con Lady Troy... Debiste saber que el honor de una batalla, o la deshonra provocada por un gran error, no son cosas que un Dragón esté obligado a buscar o evitar. Solemne y personalmente enterró al congénere blanco, rodeado por sus quince Guardias restantes. Lord Argos sacudió su cola y se elevó de un salto; los otros Dragones lo siguieron por turno. Luego se dividieron en pleno vuelo, formando cuatro grupos de tres y uno de cuatro, dirigido por el Padre Dragón. Cualquiera que encontrara a la Dragonesa verdiazul tenía que avisar inmediatamente a los demás. ...Y ahora ninguno debía tener miedo; habían organizado una cacería, cuyo objetivo era Lady Troy. El único defecto -si podía considerárselo como tal- de esa furiosa búsqueda, era que ella había estado observándolos; eso le permitió ir al encuentro de ellos evitando al grupo comandado por el Padre Dragón. Héctor, que estaba con Pármenas y Erardo, fue en busca de los otros cuando la Dragonesa se lanzó contra ellos. Entonces pudo ver a Lord Argos y se dirigió hacia él a toda velocidad. -Debemos apresurarnos, oh, Padre... -le dijo. -Erardo y Pármenas se quedaron a luchar con Lady Troy. El Dragón negro, que llevaba su vara, la alzó para convocar al resto de su Guardia mientras ya volaba al lugar de la batalla. ...Y fue un huracán negro el que hizo retroceder a la Dragonesa; Lord Argos la empujó con todas sus fuerzas descendiendo con ella hacia el suelo, arrinconándola allí. -¿DÓNDE ESTÁ JEANNETTE? ¡RESPONDE! Por toda respuesta ella lo mordió arriba del hombro hasta sentir la boca llena de sangre. Eran dos furias que se encontraban para enfrentarse, pero el Dragón protector conservaría la ventaja mientras Lady Troy no recurriera a sus grandes poderes... Cuando con una mano comenzó a estrangularla, al tiempo que repetía la pregunta, los quince Dragones Guardianes ya habían bajado, rodeándolos y esperando la oportunidad de intervenir. -Tres de ustedes, busquen a la niña y tráiganla. Si no llega a estar en perfectas condiciones... -Se volvió hacia Lady Troy gruñendo y apretando con más fuerza. La Dragonesa ya no podía oponer resistencia. De nuevo sólo le quedaba un camino: con las pocas fuerzas que le quedaban se apoderó de la vara y desapareció. Ahora los tendría a su merced. Los doce Guardias miraron en todas direcciones como si quisieran herir al bosque entero, lo mismo que Lord Argos. El golpe mortal podía venir de cualquier parte, en el momento que menos esperaban. Wara, que había logrado encontrar a Jeannette, fue derribado repentinamente por un rayo mientras se la llevaba al Padre Dragón; la pequeña cayó con él y rodó, aunque sin sufrir mucho daño. Lord ArgosWara en cambio yacía herido de muerte. Argos al ver eso se lanzó hacia Jeannette, pero al levantarla, dispuesto a levantar vuelo, una pared de llamas se formó a sus espaldas yendo directo hacia él. Lady Troy había golpeado la hierba con la propia vara del Dragón negro. El fuego devorador se extendió por toda esa parte del bosque... Lord Argos envolvió a la niña con sus alas mientras la sujetaba con su brazo derecho, pero luego rugió de dolor desplegándolas involuntariamente. Entonces fue Pármenas quien tomó a la asustada niña y la alejó de allí, al tiempo que los otros volaban a toda velocidad entre las llamas. Iban a morir, pero... ...Héctor se topó de repente con algo que no había visto y de inmediato extendió las manos para atraparlo: era Lady Troy. -¡Ya la tengo, rápido, vengan! Quitándole la vara lograron retenerla allí mismo. Tampoco ella escaparía. El Dragón protector y catorce Guardias habían muerto; luego Pármenas se inmolaría con ellos en el dolor del mismo fuego, pero la Dragonesa yacía igualmente en la gigantesca pira. En cambio la pequeña, que por el momento era llamada Jeannette, estaba a salvo en su casa, y hasta el fin de su vida guardaría el secreto de los que habían terminado muriendo por defenderla. especialmente por Lord Argos, que había logrado salvar a Juana de Arco. type:system,DRK_UBBX_MODULE |
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Una llama interior
Mientras el Emirato de Karasi que había desplazado al Imperio Niceo, como parte de las conquistas Otomanas, desaparecía a su vez dentro del extenso territorio de Anatolia en el siglo quince, en Teruel del Reino Aragonés vivía desde el año 1017 una Dragonesa llamada Janiya. Podía considerarse afortunada : estaba rodeada por todas las cosas que habían visto o disfrutado los cuatro primeros... Castillos, como Isleiff; representaciones, como en el caso de Bayazid el Verde; universidades (por las escuelas filosóficas del Maestro de Nishapur); y catedrales góticas que se levantaban como cuando Evangelina vivía en Vercelli. Además de eso, tenía alrededor los nuevos movimientos pictóricos, escultóricos, arquitectónicos, musicales... Y el inicio de grandes descubrimientos en la ciencia, la geografía y el pensamiento. Pero por encima de todo, Janiya había sido honrada y respetada por los habitantes de Teruel, quienes la habían aceptado como era realmente. La Dragonesa, un poco mayor y más anciana que las otras Damas del mundo escondido, solía dejar la cueva donde vivía para conversar con los del poblado. Ellos guardaban el secreto de su presencia así como el de su verdadera personalidad, complacidos de contar con alguien como ella para compartir conocimientos, riquezas, costumbres y, tal vez también, defenderse mutuamente. Ahora Janiya pasaba gran parte de su tiempo en la ciudad; no se mostraba públicamente como Dragonesa de doscientos cincuenta años a la fecha. Por ese motivo, muy pocos en la Teruel del siglo quince sabían siquiera sobre su amistad con los antiguos pobladores. Bajo su juvenil apariencia humana -como mujer nacida en Riyadh- pues, era una respetable Dama criada en el Clan de su Señor Ariberto, y su edad superaba los siete siglos. En 1446, al enterarse de lo que ocurría en Italia con respecto al arte, no pudo esperar a que el movimiento renacentista apareciera en su adorada Teruel, sino que se embarcó rumbo a Florencia, con una nueva llama interior de proyectos y sueños. Todo le resultaba allí a la vez extraño y prometedor. Cuando seis días después aprendió el idioma, empezó a frecuentar diversos talleres; entre ellos, el de Verrochio. Luego Boticelli se sintió atraído por su figura y le pidió que hiciera de modelo para sus estudios. Así estuvo yendo entre un taller y otro, lo cual le permitió conocer a Leonardo y a Ghirlandaio, quienes también practicaban dibujando bocetos de sus manos y su rostro. Fue la mujer de la izquierda en "El Retorno de Judith", terminado por Boticelli hacia 1475, aunque tres años antes que eso, el panorama se le había oscurecido con la epidemia de peste. Si bien lamentaba hondamente alejarse de ellos en esos momentos para salvarse ella misma, esperó la siguiente noche con Luna Nueva para volar hacia el Vesubio y refugiarse en sus profundidades. Tras pasar tres años en Venecia, en 1478 empezó a practicar dibujo dentro del mismo taller donde había estudiado Leonardo... Dos días después, el propio autor de la Gioconda seguía con interés sus progresos. El primer cuadro que terminó en 1481 -"Joven leyendo"-, casi sorprendió a Leonardo a pesar de su temática simple, por la actitud atenta y meditativa, la curva delicada en el rostro de ella y la luminosidad de su entorno reflejada sobre la piel. Le siguieron "Cuatro danzantes", "Muchacha con cántaro" y "En la ventana"; todos con figuras femeninas características del Renacimiento, cuyo aspecto de diosas grecorromanas irradiaba poder, sabiduría y serenidad. Pero a diez años del siguiente siglo, un monje se opuso a que continuaran exhibiéndose ese tipo de obras (fueran de ella o de otros), considerándolas contrarias a las virtudes morales. Desgraciadamente no tardó en conseguir acólitos y simpatizantes (uno de sus más fieles seguidores, Guidotti), los cuales iban por la ciudad arrancándoles joyas y adornos a las mujeres cuyo atuendo atentaba contra la paz espiritual y la decencia; terminaron quemando gran cantidad de libros y cuadros. ...Los de Janiya también estaban allí. Cuando la mujer logró dejar atrás el dolor -había estado encerrada llorando en su habitación- se alejó de esa ciudad convertida entonces en un terreno de inquietud y asechanzas. Fue a comunicarle las tristes noticias a Ariberto, el Padre Dragón de su Clan, quien vivía en Sardegna; casi todos los Patriarcas tenían como hogar una isla. -Nada podemos hacer contra el infierno de los hombres, pobre hija mía... Sólo nos queda alejarnos de aquellos que lo traen, y seguir con los que piensan como tus maestros Verrochio y Leonardo. -Pero lamentablemente, Señor mío, ya antes de comenzar a vivir entre ellos como ahora, tuvimos que soportar su acoso y su crueldad... Sufriendo además la pérdida de nuestro bienamado Selim. ¿Tendremos que volver al hogar inmemorial? ¿O declararles una guerra sin tregua? -No, ninguna de las dos cosas. A menos que se vuelvan directamente contra nosotros viviremos entre ellos, guiando o alentando a quienes tengan una propuesta nueva en cualquier campo o forma de pensamiento, siempre y cuando beneficie tanto al mundo como a todos sus habitantes. "seguramente ellos serán los primeros en lamentar que los hayamos abandonado, si tal cosa ocurre. Pues todavía vendrán muchos trayendo su propio infierno, pero nosotros los Padres aún tenemos esperanzas. -Perdonadme, Señor, pero yo ya no tengo muchas, como seguramente le ocurrió al pobrecito Habib... Además, ya me siento muy vieja. -¿Qué harás, entonces? -No creo que vuelva a Florencia. En este momento me gustaría ver otra vez Teruel, antes de... -Llegando a ese punto se interrumpió ; sería una decisión importante en su vida. -Puedes ir a tu amada ciudad y quedarte cuanto desees, hasta que quieras reunirte con el grupo de Dragonesas de tus primeros años; aquellos felices días que pasaste en mi Corte. A Janiya entonces se le iluminó por completo el rostro. -¿De... de verdad? ¿Quiénes forman parte ya, de ese grupo? -Pues de las once, sólo faltan Absal y tú. Ah, mi Señor... ¡Verdaderamente, mi último deseo es poder volver a verlas, viviendo como antes, con el corazón en paz para serviros! Janiya bajó a la playa sarda, esperó a que se hiciera de noche y miró en derredor con los ojos de pupilas grandes y negras heredados de su padre; de la madre tenía en su piel escamosa el color escarlata y -sobre la cabeza- dos pares de cuernos orientados hacia adelante en "L". La anciana Dragonesa desplegó sus alas para volar sobre Sardegna y otras regiones sin preocuparse demasiado de si la veían; no ahora que en poco tiempo ya no viviría en ese mundo. Hizo así también el viaje a los alrededores de la Ciudad donde había sido considerada casi una Reina. Luego de descender sin prisa, aún esperó unos minutos pensando si cambiaba su aspecto por el que usaba en Florencia. Pero permaneció con su antigua forma, durmiendo hasta que pudo oír el canto del gallo. Al día siguiente recorrió Teruel, de la cual conocía incluso la luz de cada hora en sus jardines. Entró con el aspecto de aquella mujer árabe... Quienes la habían conocido antes que partiera a Italia sólo habían dejado en sus hijos y nietos el recuerdo de ese nombre. Y esos mismos hijos que ahora la recibían en sus casas no podían ocultar su asombro al oírle mencionar, como de memoria, a los miembros de sus familias; la mayoría fallecidos casi cincuenta años antes. Una semana más tarde reunió a algunos descendientes de sus viejos amigos, para llevarlos fuera de la ciudad. -Janiya, este camino va directo a la cueva. Sí; quería hacer allí dos cosas, antes de abandonar mi amada Teruel. -¿Cómo, te vas tan pronto? -Déjenme explicarles todo cuando lleguemos frente a la entrada. Siguieron acompañándola en silencio y en ascuas mientras ella se detenía aquí y allá, volviendo la vista en determinada dirección donde algo trajera a su memoria un recuerdo del siglo once o del siguiente. Pasando un grupo de cipreses Janiya tornó sus ojos -que parecían más grandes y profundos- hacia sus acompañantes. -Aquí, frente al lugar donde viví mucho antes que ustedes nacieran, es donde quería despedirme de Teruel; y de la mayoría de sus pobladores... "es mi deseo que ustedes cinco vengan conmigo a Sardegna, a la Corte de mi Señor Ariberto, quien es Padre de mi Clan desde el año 685, para servirle como yo pienso hacer. "por cierto debo decirles que serán bien tratados, pues en su Corte no hay esclavitud, sino reconocimiento y honores. "habiendo dicho esto, quisiera mostrarles mi verdadera forma, dando por sentado que aceptan hacer conmigo ese viaje. Pero las voces de ellos se entremezclaban (¡Iremos contigo! ¡No te vayas, Janiya! ¡Somos tus amigos, todavía! ¡No entiendo de qué hablas! ¿Desde qué año?). -Si no desean aceptar mi propuesta, por mi parte igualmente me marcharé hoy de estas tierras. -Pues no creas que dejaré ir así, a alguien que conoció a mi abuelo en sus mocedades... -Si Eduardo del Torreón va contigo, yo también iré. -Y yo, aunque no haya comprendido casi nada. -Y yo. -Dijeron los otros dos. -¡Ah, eso me reconforta!... Ahora sé que puedo dejar que me vean como soy desde mi nacimiento en medio de las dunas, miren. ...Rodeando como pudo a los cinco en un abrazo, volvió a ser la Dragonesa de color escarlata. De tan pasmados, los otros ni siquiera tuvieron tiempo de asustarse. Siguieron así hasta que ella pudo experimentar esta vez, en cada uno, el paraíso de los hombres. Suspiró. -Ah... Es casi un alivio para mí, poder estar con mi viejo cuerpo. "yo nací en Riyadh, como ya lo saben -dijo de nuevo, sentándose frente a ellos-, pero en el año 715. Mi verdadero padre, por decirlo así, me cuidó hasta que tuve fuerzas suficientes para ir en la espalda de él, a la Corte donde vivía nuestro Padre común Ariberto con todos nosotros. "allí estuve hasta el siglo once, cuando mi pueblo dejó el mundo subterráneo para establecerse en este. "a principios de 1017 me establecí en esta misma cueva, donde por más de doscientos años fui aceptada y respetada por los habitantes de Teruel, quienes me trataban con gran deferencia, manteniendo además en secreto mi identidad. Siguió contando cosas de su vida, como cuando ya muy entrada la edad media tuvo que resignarse a no aparecer más como Dragonesa ni revelar su secreto, para no acabar acusada de brujería o peor aún, tal vez, asesinada en nombre de una Cristiandad mal entendida. -...Y antes de volver a mi querida Teruel, hablé con mi Señor Ariberto, quien está de acuerdo en que vaya a reunirme con el grupo de Doncellas... Las de aquellos años. "en realidad, me dijo que podía ir cuando lo deseara. En cuanto a ir con ustedes, si bien no le pedí autorización, sabrá respetar la decisión personal de una Anciana como yo. ¿Partimos después del anochecer? Los cinco hincaron entonces sus rodillas ante ella. -Sólo si allí nos es permitido estar únicamente a vuestro servicio, sabia y siempre hermosa Señora Janiya. No muchos años más tarde, pues, empezaría a notarse lo que había previsto el perspicaz Ariberto; no hace falta observar demasiado profundamente la historia moderna para comprobarlo, y mucho menos durante los dos últimos siglos. En cuanto a los Dragones, nadie cree que hayan vivido fuera de las leyendas o perdurado hasta hoy, siquiera dentro de ellas; sólo algunos suponen que están escondidos en algún rincón de la Tierra. Sobre esto, y acerca de si volverán a dejarse ver -una vez más-, la respuesta sólo la tienen los Dragones. type:system,DRK_UBBX_MODULE |
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Youssarian quisas no ayan pruebas de que allan abido dragones pero tampoco las ay de que no ubiesen
la inteligencia es un inbento del hombre para sastifsaser su neceidad por centirse superior.type:system,DRK_UBBX_MODULE |
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Hola a todos, yo tambien vi el documental y me gusto mucho
Con esto quiero decir que tal vez existiron, pero eran de forma diferentes, quizas eran algunareptil exitnto y con el paso de los años las personos los fueron rodenado de cosas que quizas no asian El mal genio nos mete en problemas, el orgullo nos mantiene en ellos.type:system,DRK_UBBX_MODULE |
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hola he visto el video de la leyenda se hace realidad y auqnue es impactante lo que ahi mencionana no se si creer que solo es una teoria o realmente han encontrado pruebas acerca de la existencia de este animal tan mitico y magestuoso.
alguien podria decirme si este documental es solo una ficcion?? gracias |
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