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El ser humano se desarrolla durante toda su vida, los pensamientos, convicciones y forma de ver lo que sucede alrededor nuestro, va variando de acuerdo a los años que se van depositando en nuestra existencia. Continuamente aprendimos algo nuevo y otros conocimientos adquiridos que no usamos o desechamos van cayendo en el olvido Basta darse vuelta y echar un vistazo a lo que hemos recorrido en nuestra vida, ahí veremos como hemos cambiado en nuestros pensamientos desde que éramos niños. La edad infantil es el de la inocencia y el aprendizaje constante. ¡Somos tan ingenuos e ignorantes en esa edad!. En la juventud, todo es energía y coraje, creemos saber todo, no escuchamos para nada a la experiencia y la mesura. Seguimos siendo tan ignorantes como niños y no nos damos cuenta, tapamos esa falencia con el entusiasmo. En la edad madura, aparece la mesura, el pensamiento reflexivo, filosofamos más y nos creemos con la experiencia suficiente para dar lecciones a la juventud, y como seguimos siendo ignaros no nos damos cuenta que la juventud no escucha, sólo somos capaces de llegar a la avidez de conocimientos de los niños.
Recuerdo cuando era pequeño, mi padre era un sabio, en todas las inquietudes que tenía y lo que quería saber me acercaba a mi padre y él me daba una respuesta correcta, lo sabia TODO; TODO. ¡Que culto era papá! En mi adolescencia y juventud, comencé a ver falencias en sus respuestas de conocimientos más abstractos, más concretos y más dificultosos, entonces me di cuenta que no era tan instruido se acercaba más a un ignorante y sabía muy poco. Después de casarme, tener hijos y al comenzar a mirar la vida desde otro prisma y ante mis inquietudes de esta nueva vida, mi padre volvió a tener razón. Hace cuatro ya años que dejo de darme consejos, siento que se me fue el hombre más sabio que he conocido.
Nuestra vida es un continuo desarrollo y la vamos viendo de diferentes ángulos según como vamos creciendo en edad y experiencia.
Un saludo a todos.
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