
Para mi gusto, estás desubicado en el contexto. No compares a Plutón con la Verdad ocultada por la Iglesia Católica. Con la fe no se juega. Ésta ha estado oculta y deformada por siglos, con el objeto de establecer un poder absoluto en lo espiritual y en la humanidad. El Obispo Ireneo, año 130 después de Cristo, no habría optado por otra alternativa mejor, que utilizar la efervescencia de la Iglesia Primitiva y hacerla suya para provocar en las generaciones posteriores, una respuesta espiritual al problema de la existencia del ser humano. Tuvieron que seleccionar de una serie de Evangelios gnósticos, sólo algunos que hablaban de la vida de Jesús y que lo hacían un ser divino y metafóricamente omnipotente. Desecharon los manuscritos que se atribuían a la experiencia de María Magdalena, como también el Evangelio de Judas. Asimismo no fueron comprendidos dentro del Nuevo Testamento, el Evangelio aprófico de Mateo y otros seguidores de Jesús.
Entonces, cómo es posible darle crédito a la Iglesia Católica, que por siglos fue jugando con la fe de todos los seres espirituales, con el fin de establecer estereotipos humanos y espirituales hasta el siglo XXI, hoy, en virtud del cual se intenta comprender tales hallazgos y hacer que se explique que Jesús fue un ser humano que no murió y resucitó al tercer día, como lo dicen erróneamente las escrituras, sino que fue llevado a una tumba tan amplia como para darle seguridad y curar sus heridas por José de Arimatea y Nicodemo...
Y luego que nos queda de todo esto, más que pensar que todo ser humano tiene derecho a buscar la verdad, establecer su origen, determinar razonablemente que misión tiene en esta vida y por último dar respuesta definitiva al problema de la existencia humana.
Jesús, como muchos iluminados, entre lo cuales se pueden nombrar como ejemplo a Buda, Maoma, el profea Smith y cuantos otros líderes espirituales, nos entregaron una respuesta al problema de la existencia humana y un ejemplo bien definido, en cuanto a establecer que cada ser humano es un pequeño dios, como lo determinó el poeta Vicente Huidobro.
No seremos menos felices si la verdad es revelada. Todo lo contrario, avanzaremos ya liberados de estereotipos, paradigmas y prejuicios tanto espirituales como psicosociales o culturales. Es como salir de una caverna y ver la luz.